Nada personal: MC alinea con la 4T; del PRIMor al Fosfoforena
El dinamismo del sector de comida rápida en México suma un nuevo capítulo con el anuncio de Popeyes, la cadena nacida en Nueva Orleans que ha ganado fama mundial gracias a su pollo estilo cajún. La marca dio a conocer que firmó acuerdos estratégicos con distintos grupos regionales para abrir más de 300 restaurantes en el país durante los próximos diez años. El movimiento confirma que México es visto como un mercado prioritario dentro de América Latina para las grandes franquicias de alimentos.
La estrategia contempla una expansión organizada por regiones. En el Noroeste, la encargada será Border Crunch; en Jalisco y la zona Occidente, Star Louisiana; el Centro del país quedará en manos de Grupo Euro; mientras que en el Sureste, el desarrollo estará liderado por Grupo Berny.
La decisión de dividir responsabilidades entre operadores locales no es casual: la empresa matriz, Restaurant Brands International (RBI), confía en que el conocimiento de mercado y la experiencia de estos socios permitirá acelerar la consolidación de la marca.
El plan no solo es ambicioso en número de aperturas. También promete la creación de miles de empleos directos e indirectos, un aspecto crucial en un país donde el sector restaurantero es motor económico y generador de oportunidades para jóvenes y trabajadores con perfiles diversos.
En tiempos donde la inversión extranjera suele concentrarse en industrias de alta tecnología o manufactura, resulta interesante ver cómo la gastronomía de franquicia mantiene su atractivo y capacidad de expansión.
Popeyes llega con una propuesta distinta a la oferta tradicional del fast food en México. Su receta de pollo, marinada por más de 12 horas y empanizada a mano, ha sido el sello de la marca desde hace más de medio siglo.
La apuesta por destacar sabores auténticos de Louisiana, con un estilo cajún que combina sazón y tradición, le ha permitido competir frente a gigantes del pollo frito y encontrar un nicho de clientes leales en mercados tan diversos como Estados Unidos, Italia o los Balcanes.
El anuncio refleja también la tendencia de las marcas globales a diversificar su presencia en América Latina. La expansión de Popeyes en México se suma a su crecimiento en Costa Rica y otros destinos estratégicos.
Con más de 5,000 restaurantes en el mundo, la cadena no oculta su intención de convertirse en un jugador de primer nivel en un mercado nacional que consume cada vez más comida rápida y donde la competencia es feroz, pero también altamente rentable.
En suma, la llegada acelerada de Popeyes a México es una señal de confianza en el potencial de consumo local y en la resiliencia de la industria restaurantera. Habrá que ver si el entusiasmo inicial se traduce en sostenibilidad a largo plazo, pero de entrada el anuncio de 300 nuevas unidades coloca a la marca en el radar de consumidores, inversionistas y competidores. México se prepara, entonces, para recibir con sabor cajún a un nuevo protagonista del fast food.
*** No todo lo que endulza es igual
En torno al debate para gravar a productos considerados nocivos, la Asociación Internacional de Edulcorantes (ISA) insistió en que no es lo mismo azúcar que edulcorantes bajos o sin calorías. Tratar a ambos con el nuevo IEPS como si fueran equivalentes no solo confunde al consumidor, también encarece alternativas que pueden contribuir a reducir la ingesta calórica.
Organismos como COFEPRIS, EFSA, FDA y JECFA han avalado la seguridad de estos aditivos, y su uso responsable abre la puerta a opciones útiles para quienes viven con obesidad o enfermedades como diabetes.
Catalogarlos como “nocivos” elimina herramientas necesarias y golpea, sobre todo, a los hogares de menores ingresos. La ISA convocó a los legisladores a tener un debate amplio, técnico e incluyente, con academia, consumidores y sociedad civil, antes de aprobar medidas que podrían limitar las opciones para una mejor salud.
*** El fin del espejismo de las APP
TOME NOTA ***Durante años, las Asociaciones Público-Privadas (APP) se vendieron como la fórmula mágica para resolver la falta de recursos del Estado. Sin embargo, la experiencia demostró que muchas de ellas sirvieron más para enriquecer a unos cuantos que para atender las necesidades colectivas.
La propuesta de Alfonso Ramírez Cuéllar para derogar la Ley de APP y sustituirla por un modelo de inversión mixta regulada representa un intento por corregir un esquema que socializó riesgos y privatizó ganancias. El planteamiento busca una revisión estructural de cómo se financia la infraestructura nacional.
Con la creación del Consejo Nacional de Infraestructura y el Fondo para la Infraestructura del Bienestar, se busca ordenar el gasto público, garantizar transparencia y dirigir los recursos hacia obras que incidan directamente en la calidad de vida de la población: agua, drenaje, vivienda y conectividad.
El énfasis en el bienestar social redefine la lógica del desarrollo y recupera la función del Estado como garante de los servicios esenciales.
