Nada personal: MC alinea con la 4T; del PRIMor al Fosfoforena
Por excelencia, las columnas de opinión en el ámbito del ejercicio periodístico terminan en un estilo cercano a la literatura cuando se escribe en primera persona.
La señora científica presidenta de la república utiliza en forma peyorativa el término “comentocratas”, para referirse a los periodistas autores de columnas, como género.
Utiliza el adjetivo calificativo de “zopilotes” a los conductores encargados de presentar y comentar las noticias en medios electrónicos y digitales.
La realidad del país obliga a los reporteros a redactar en primera persona, obedece de alguna manera a la necesidad de un comunicador de compartir una vivencia, en algunos casos trágica.
Me saltan a la memoria tres libros publicados en primera persona, escritos de manera magistral, uno de ellos testimonial como sobreviviente de un atentado, me refiero al periodista Ciro Gómez Leyva, a quien conocí en un par de juntas en CdMx cuando él era director y conductor estrella de Milenio Televisión.
"No me pudiste matar", es el título del libro escrito por el periodista, columnista y conductor de noticiarios en Radio y TV en el que relata su testimonio sobre el atentado que sufrió en diciembre de 2022.
El género lo clasifica IA como biografía, memoria y autobiografía; las reflexiones del autor sobre la fragilidad de la vida, y comparte su experiencia personal. A eso le llamo el estilo de escribir en primera persona, que se mueve entre lo periodístico y literario.
Un libro muy similar, escrito en primera persona, es el de la escritora Cristina Rivera Garza que le valió el Premio Pulitzer 2024.
En un impresionante trabajo de campo, Rivera Garza investigó el feminicidio de su hermanita universitaria Liliana, después de tres décadas, con el objetivo de encontrar respuestas, se conociera la verdad y se castigara al feminicida.
El título del libro: "El invencible verano de Liliana", con herramientas de investigación periodística culmina su búsqueda con la publicación del libro como obra literaria.
Es una mezcla de memoria, ensayo y narrativa que le da voz a su hermana Liliana y a los miles de mujeres víctimas de feminicidio, explorando la violencia machista y patriarcal, usando el lenguaje en primera persona.
Otra obra literaria con más carga periodística por la investigación y los testimonios es el publicado por el eterno candidato al Nobel de Literatura, Haruki Murakami, sobre los atentados en el metro de Japón, con el título Underground: el atentado con gas sarín en el metro de Tokio y la psicología japonesa.
Es un trabajo de no ficción en el que Murakami entrevista a las víctimas de los ataques de gas sarín de 1995, perpetrados por la secta Aum Shinrikyo. Mi amiga Perla me acercó hace años a la producción literaria de Murakami.
Redactar en primera persona es un derecho y obligación cuando los periodistas como ciudadanos son víctimas de la delincuencia, y resulta por demás interesante descubrir los recovecos del mercado negro de hurtado, un negocio ilícito muy rentable que pasa como economía informal.
En esta ciudad capital, en el estado y en el país domina la delincuencia; son suficientes unos minutos para sufrir un daño patrimonial con el robo de autopartes, pero los hay también por asaltos en vía pública, como pasajeros, a los comensales, en el cajero, el hogar o negocios…
Lo más extremo que puede ocurrir a cualquier ciudadano es perder la vida, por los robos con violencia; o porque con $10 mil, $20 mil o $30 mil cometen asesinatos. Esa es la realidad, no percepción.
El robo de una llanta se convirtió en una experiencia de cómo funciona el mercado negro de la comercialización de lo robado, es parte de una economía subterránea poderosa.
Mientras se instalaba la llanta de refacción para sustituir lo robado, una patrulla de la policía municipal circuló por el lugar como un rondín de paseo familiar.
Lo interesante de caso -y la experiencia- es que con la ayuda de una persona conocí la logística del robo de autopartes y su comercialización en el mercado negro, en menos de 24 horas se ubicó lo sustraído, y se pasó a la “compra” de la misma llanta hurtada.
Al mercado negro llegan las autopartes en menos de dos o tres horas de ocurrido el atraco, y de inmediato son canalizados a la compraventa; en este caso, la misma noche del robo la llanta ya había sido vendida para la reventa en el comercio informal.
Se pagó una especie de “rescate” de la misma llanta “secuestrada” (robada), luego de una búsqueda inmediata. De película de novela negra.
Se trata del mercado negro de una economía favorecida por un Estado fallido que deja a la población en manos de la delincuencia, en este y otros delitos dominados por bandas; ya se puede imaginar con el narcomenudeo, huachicol, extorsiones, cobro de piso…
El robo de autopartes se ha consolidado como uno de los delitos más recurrentes en la capital poblana. De enero a mayo de 2025, según el Sesnsp), acumuló 585 denuncias por robo de autopartes, pero no todo los denuncian por la burocracia e inútil de la denuncia.
Este delito ha encontrado un ecosistema favorable: calles oscuras, vigilancia limitada y un mercado informal que opera a plena vista y a la luz del día, frente a la permisibilidad e ineptitud de la autoridad.