Nada personal: MC alinea con la 4T; del PRIMor al Fosfoforena
En víspera de la votación ponderada y sectorial para elegir al o la titular de la Rectoría de la (Benemérita) Universidad Autónoma de Puebla, nadie vela armas ni hay calma chicha.
Con todo respeto, como lo presumió en su momento la entonces candidata presidencial Claudia Sheinbaum, la votación era una cuestión de trámite, con encuestas que las favorecían ampliamente, y así ocurrió, arrasó en las urnas y aplastó a la oposición.
Algo similar ocurrirá en la competencia por la Rectoría con el nivel de los otros aspirantes César Ricardo Cansino Ortiz y Ricardo Paredes Solorio.
Los dos candidatos hombres no representan ningún movimiento académico, sin trayectoria ni ofrecen un modelo innovador de la principal universidad pública.
Los competidores tendrán sus razones personales para participar en la contienda, o porque se les dio su regalada gana, pero no lograrán siquiera dejar huella testimonial.
La rectora Lilia Cedillo Ramírez, que busca reelegirse en el cargo por cuatro años más, no tendrán la mayor dificultad para ganar la elección en las urnas este miércoles 10 de septiembre.
La expectativa será conocer qué porcentaje alcanzará la participación de los sectores universitarios; cuántos votos obtendrá Cedillo Ramírez, y la diferencia que marcará en sufragios con relación a sus contrincantes.
El proceso sucesorio y la importancia de la oferta académica en la docencia e investigación científica, la trasparencia financiera y la calidad en los servicios administrativos a favor de los estudiantes, están más allá de incidentes menores magnificados por los difusores del amarillismo, incluidos los del “nado sincronizado”.
Lo ocurrido a la rectora Lilia Cedillo a su salida de la presentación de su programa de trabajo en el Consejo Universitario, agredida por un grupo de presuntos estudiantes universitarios, además de absurdo, fue vergonzoso.
A la falta de argumentos, los insultos verbales y las agresiones físicas lazando diversos objetos al automóvil donde viajaba la rectora, y luego los provocadores denunciaron haber sido agredidos.
La violencia quedó en el pasado en esa universidad pública, las más relevantes fueron el ataque policiaco militar el 1 de Mayo de 1973, donde es asesinado por francotiradores el profesor Alfonso Calderón Moreno y otros estudiantes
Le siguió el asalto armado al edificio Carolino, edificio sede la Rectoría de la UAP, en un intento del gobierno de Luis Echeverría para destituir del cargo al Ingeniero Luis Rivera Terraza; el grupo de asalto fue liderado por estudiantes de la época de la FEP-PST, encabezado por Carlos Talavera Pérez.
Producto de la división del grupo hegemónico ligado al Partido Comunista Mexicano (PCM), ocurrió el otro asalto armado al edificio Carolino de la UAP en diciembre de 1989, ordenado por el gobernador del PRI Mariano Piña Olaya, en complicidad con una facción de la presunta “izquierda” del PRI.
El golpe por el entonces gobierno del priista de Piña Olaya fue para derrocar al rector Samuel Malpica Uribe, a quien encarceló; años después fue asesinado en circunstancias “extrañas”; nunca detuvieron al homicida, al que atribuyeron un presunto asalto.
Fue durante el régimen de Manuel Bartlett Díaz, quien había implementaba desde la SEP federal el modelo neoliberal de educación superior, al emprender una purga de la otra facción de izquierda proveniente del PCM, para apoderarse de la UAP para desmantelar contratos colectivos y sindicatos, el método de elección de autoridades y los programas de estudio.
Muchos de la facción de la presunta izquierda de la UAP se afiliaron al PRI, incluidos rectores, quienes posteriormente figuraron como funcionarios (ASE) o candidatos del PRI a cargo de elección popular (alcaldes),
Muchos de esos universitarios conversos se fueron al PRI para ser funcionarios estatales o municipales, los mismos que ahora son parte del gobierno de Morena, porque son los mismos priistas que ahora visten el chaleco guinda, pero obedecen a los mismos intereses del viejo régimen del PRI.
Con el arribo de Lilia Cedillo Ramírez a la Rectoría, y el ascenso al poder estatal y federal del movimiento de la Cuarta Transformación, la administración universitaria se alejó del uso corporativo partidario de la BUAP.
La rectora aspirante por reelegirse conservó el carácter democrático de la BUAP, por lo menos en sus procesos de elección -voto ponderado y sectorial- en una especie de gobierno universitario socialdemócrata.
Lilia Cedillo se alejó de la vieja izquierda comunista y optó por una relación de respeto y trato institucional con el gobierno de Morena, integrado con figuras del viejo régimen del PRI.
Solo hay vestigios de la vieja izquierda universitaria, insignificante y marginal, casi todos jubilados, y otros refugiados en los privilegios de la academia (Instituto Ponchito”: la izquierda oportunista), y otros desde la trinchera contestaria digital con diatribas, sin ninguna fuerza ni presencia entre a comunidad universitaria.
En este contexto, la rectora Lilia Cedillo Ramírez no tiene ningún obstáculo para ganar las elecciones, una corriente universitaria de la socialdemocracia, lejos del hibrido de la presunta “izquierda” de Morena y el viejo régimen del PRI en el poder político.