Nada personal: MC alinea con la 4T; del PRIMor al Fosfoforena
La vida nos va dando sorpresas y una de ellas, el reconocimiento del Comité del Premio Nobel de que pudo haber alteración y espionaje en el caso del premio que se dio a la golpeadora venezolana María Corina Machado. Un caso extraño de mujer denunciada, que de buenas a primeras salta a las páginas mundiales como ganadora del Nobel de la Paz. Algo inusitado.
Ante las grandes sorpresas y críticas en muchas partes del mundo por tal premio, el comité abrirá una investigación que exhiba qué sucedió realmente. Y que se explique y demuestre el porqué si la señora tenía un remoto 3.5% de puntos a favor, para obtener el premio, llegara sorpresivamente la tarde del día del premio a los 73 puntos. Algo inusitado también.
Por eso el comité anuncia una profunda investigación para saber qué pasó. El caso hace pensar que tanto la mencionada como las personas que la apoyan dentro y fuera —quizá hacia el norte—, han actuado como lobos furiosos a los que les urge cambiar la estructura del poder en Venezuela y hacerse de ella, quizá con una complicidad que viene de ese norte.
Y al pensar en furia animal, nos sumergen en lo cercano: el caso de otros seres furiosos que han aparecido en las últimas semanas en el centro del país y que últimamente han atacado personas, causando ya tres muertes. Me refiero a perros rabiosos que circulan por varios estados y se han convertido en un peligro.
En la capital suele encontrarse una gran cantidad de perros callejeros. Muchos de ellos han sido abandonados y sometidos durante su vida. Ahora se habla de un millón 200 mil, de acuerdo a la Secretaría de Salud, pero algunos extienden el número a tres millones.
El problema de esos animales es que sus dueños los abandonan impunemente. Su presencia en las calles provoca además contaminación con sus desechos, que puede ser peligrosa. La cercanía actual con las mascotas quizá ha permitido menos abandono, entusiasmada la gente por sus llamados perrhijos, pero lo que está sucediendo en algunos estados —sobre todo en el Estado de México— es terrible.
Ya hay jaurías salvajes numerosas, de perros perseguidos, según los expertos, por el hambre y el abandono. Esos perros se han hecho violentos y atacan, causando daños mortales.
La situación obliga a que se tome en serio el problema de este tipo de animales —gatos incluidos— y se busquen fórmulas adecuadas para darles un trato digno y controlado, con vacunas añadidas.
Sitios como Huehuetoca, Tecámac, Iztapaluca y otros municipios del estado vecino de la capital han tenido repuntes de rabia que han provocado tres muertes y varios heridos. Es hora de volver los ojos a esos animales y calmar su furia.
No son pocos los autores que han escrito sobre perros. Entre muchos recuerdo a Jack London con sus obras La llamada de lo salvaje y Colmillo Blanco, dos perros —uno de ellos perro lobo— de distintas cataduras, pero maravillosamente expresadas.
Por lo general, el animal como protagonista nos sumerge en experiencias que se parecen mucho a la humana, sea ésta pacífica o violenta. En este caso, pueden utilizarse como un instrumento de destrucción, como sucede en El sabueso de los Baskerville (Salvat, 2022) de Arthur Conan Doyle, donde un animal violento es usado para destruir a un hombre rico que alguien quiere heredar.
La novela del inglés es un clásico de Sherlock Holmes, dentro del proceso tradicional de la novela policíaca, en la que Doyle muestra las flaquezas del ser humano.
La terrible muerte de las personas asesinadas por perros —con sus dientes filosos y uñas hundidas— en el Estado de México es diferente a la forma como el sabueso de esta novela enfrenta a su víctima, a partir de lo terrible de su presencia:
“A última hora de la tarde, tuvo tiempo de ir en busca del sabueso, embadurnarlo con su pintura infernal y llevarlo hasta el portillo donde tenía buenas razones para confiar en que encontraría al anciano caballero... el perro, incitado por su amo, saltó el portillo y persiguió al desgraciado baronet que huyó dando alaridos... especialmente horrible la imagen de aquella enorme criatura negra de mandíbulas luminosas y ojos llameantes... Sir Charles cayó muerto al final del paseo, debido al terror”.
El animal, al parecer, solo se acercó a olerlo.