Nada personal: MC alinea con la 4T; del PRIMor al Fosfoforena
En México, la protesta callejera se ha convertido en un jugoso negocio político y económico.
Por eso, en el México de hoy, protestas como las que por 11 años han protagonizado los padres de “los 43”, no buscan justicia ni castigo para los responsables.
No, lo cierto es que los vividores parientes de “los 43” buscan seguir medrando de una tragedia que a nadie le importa aclarar.
Y por esa razón —porque el negocio del chantaje social debe continuar— está de vuelta, con su potente carga mediática, ese montaje social motejado como la protesta callejera de “los 43” de Ayotzinapa.
Pero tampoco en el otro extremo las cosas son distintas. Resulta que, en su momento, a los gobiernos municipal y estatalinvolucrados en el secuestro e incineración de los normalistas, tampoco les interesó la justicia; eso sí, se volcaron detrás de la rentabilidad política que hace una década produjo la tragedia de “los 43”.
Sí, un espantajo que a lo largo de la última década exhibió la miseria política y social que a diario vivimos en México, y que se estimula tanto desde los partidos políticos como desde la sociedad mexicana.
Y es que el caso de “los 43” es el ejemplo perfecto del uso y abuso político de una tragedia social —como el secuestro, asesinato e incineración de estudiantes de Ayotzinapa— y de la miseria familiar que convierte la tragedia en un negocio de pingües beneficios económicos.
Sí, por un lado, políticos como López Obrador y su colaborador Epigmenio Ibarra medraron hasta la náusea con la tragedia de “los 43”, mientras que los mismos padres y familiares de los estudiantes asesinados se convirtieron en vividores de la muerte de sus hijos.
Por eso hoy, a 11 años del secuestro e incineración de los estudiantes, la necia realidad reedita el uso político que detonó el crimen de “los 43” y el abuso social por parte de los familiares, que no buscan justicia, sino más migajas del dinero público.
En pocas palabras, a 11 años del secuestro, asesinato y crimen de los 43 —a manos de integrantes del cártel de Guerreros Unidos— se exhiben ante el mundo toda la miseria de las dos caras de la moneda llamada crimen de “los 43”.
Sí, por un lado, se confirma el uso y abuso político y electorero que hicieron tanto López Obrador como su partido, de la tragedia de Ayotzinapa, al prometer que en su gobierno esa atrocidad sería aclarada y los culpables llevados a la justicia, promesa que no se ha cumplido en siete años de gobiernos federales de Morena.
Por el otro lado, también se ratifica que los padres y familiares de “los 43” nunca buscaron justicia y que siempre fueron —y hoy lo siguen siendo— perfectos miserables, que sólo protestaban para conseguir dinero fácil y prebendasque salpicó la tragedia.
Por esa razón, a 11 años de la masacre de los 43, volvemos a las preguntas fundamentales:
¿Quién ordenó el secuestro, asesinato e incineración de los 43 normalistas de Ayotzinapa?
¿Por qué privar de la vida a los estudiantes, por qué asesinarlos y por qué incinerarlos?
Pregunta que aquí siempre fue respondida con la reconstrucción de los hechos; con la revelación del “pecado original”.
Desde 2012 documenté la alianza del cártel criminal Guerreros Unidos con López Obrador, quien impuso como candidato a la presidencia municipal de Iguala al jefe de esa banda, José Luis Abarca.
Documenté que la Normal de Ayotzinapa era un potente competidor criminal de la banda de Guerreros Unidos y que, por esa razón, los estudiantes fueron secuestrados, asesinados e incinerados.
Sí, la disputa entre Guerreros Unidos y Ayotzinapa era por el control criminal de la plaza.
Y por esa misma razón, porque López Obrador era aliado del grupo criminal Guerreros Unidos, desde Palacio nunca se investigó ni se investigará a la mafia que mató a los normalistas.
Porque investigar a fondo el crimen de “los 43” sería confirmar la alianza de AMLO con los cárteles criminales.
Y sabedores de ese “pecado original”, los padres y familiares de “los 43” están de vuelta, con protestas que no buscan justicia, sino más dinero público para seguir medrando de una tragedia que a nadie le importa aclarar.
Una tragedia que llevó a todo el mundo a los padres de los estudiantes muertos y que sigue generando mucho dinero público a los familiares que gustan de medrar de sus hijos muertos.
Sí, se los dije.
Al tiempo.