Nada personal: MC alinea con la 4T; del PRIMor al Fosfoforena
Aquí lo dije desde el momento en que se conoció el crimen.
Dije que por sus características y por el “modus operandi”, no había duda de que se había tratado de un crimen de Estado.
Es decir, un asesinato diseñado, operado y ejecutado por integrantes de alguna de las instituciones del mismísimo Estado mexicano.
Y la pregunta obligada era la siguiente: ¿Cuál de esas instituciones fue la responsable del crimen del alcalde de Uruapan?
Encontrar a los traidores y a quienes “vendieron” al acalde, sería el trabajo de los gobiernos federal, estatal y municipal.
Hoy, por lo pronto el gobierno estatal pretende deslindarse y, en esa maniobra política, confirma que existió una traición desde dentro, entre los principales responsables de garantizar la seguridad y la vida del alcalde michoacano.
Sí, la ejecución del alcalde Carlos Manzo, de Uruapan, Michoacán, no fue una casualidad y tampoco se trató de un crimen aislado. No, en realidad asistimos a un operativo bien diseñado, bien operado y mejor ejecutado. Y por eso podemos asegurar que se trató de un crimen del Estado mexicano.
Y es que, por pura casualidad, los encargados de la seguridad del alcalde de Uruapan, también se aseguraron de callar la voz –de silenciar--, al matarife material del crimen de Carlos Manzo.
Sí, hoy se sabe que –según videos exclusivos del gobierno michoacano--, el encargado de disparar contra Carlos Manzo fue sometido minutos después del disparo contra el alcalde, pero por alguna razón aún no aclarada, alguno de esos escoltas del sacrificado presidente municipal de Uruapan, decidió matar “en frío” al matón.
¿Por qué y para qué?
No se requiere ser experto para entender que alguno de los traidores y de quienes conocían los intríngulis del crimen, callaron no sólo al autor material del asesinato, sino a quien podía delatar toda la trama criminal.
Por eso, porque se trató de un crimen de Estrado, debían matar al matón del alcalde.
Y es que, en efecto, se trató de “una traición” que salió de lo más profundo de los cuerpos policiacos municipales, de los guardias nacionales, o incluso, de los propios militares que custodiaban al sacrificado alcalde de Uruapan, en Michoacán.
Y por eso la impensable participación de un sicario al que todos dejaron pasar, dejaron hacer y luego se encargaron de silenciar.
Sí, una traición que confirma que los tentáculos del crimen organizado están en todas las instituciones del Estado y a todos los niveles.
Pero frente a lo anterior aparecen nuevas interrogantes.
¿De dónde y por qué repentinamente aparecen indicios de que el de Carlos Manzo fue un “Crimen de Estado”?
¿Por qué el gobierno federal y sus instituciones de seguridad no dieron a conocer tales videos?
¿Por qué la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad federal ocultaron esos videos durante semanas?
¿A quién están solapando desde el gobierno federal?
Mientras se respondan las anteriores interrogantes, podemos asegurar que, en respuesta a su desesperación por sacudirse la culpa, el gobernador de Michoacán no sólo hizo públicos los videos de la traición, sino que se deslindó de lo ocurrido.
En pocas palabras, resulta que Alfredo Ramírez Bedolla lanzó “la papa caliente” lejos del gobierno estatal, para salvar el pellejo y, sobre todo, para no pagar las culpas de un crimen que colocó a la presidenta en el ojo público no sólo nacional, sino internacional.
¿Cuántos otros secretos del crimen de Carlos Manso están guardados en los escritorios del poder público, sea federal, estatal o municipal?
Lo ridículo del tema es que al mismo tiempo que aparecen las pruebas de que se trató de un crimen de Estado, desde la Sedena los militares mexicanos insisten en que no, que no falló el operativo de seguridad de alcalde de Uruapan.
¿Y qué tal si hubiese fallado?
Hasta cuando las mentiras, la simulación y el engaño.
Al tiempo.